Vivir con Prótesis
JON JÁUREGUI
Amputado, bilateral, tibial y femoral desde hace 35 años
Amputación: adaptarse al cambio
La amputación de un miembro supone una experiencia profundamente transformadora, tanto física como emocionalmente. De la noche a la mañana, ese pie, o pierna, o brazo, deja de formar parte de tu cuerpo. En su lugar hay un vacío. Sin embargo, la vida continúa y para continuar en ella, es preciso afrontar la nueva situación.
1. Reconocer el impacto emocional de la amputación
La persona no solo pierde una parte física, también una parte de su identidad, independencia, o proyecto de vida anterior. Toda pérdida implica una aceptación, que es el duelo. El proceso del duelo tiene sus fases: Negación, ira, negociación, depresión, aceptación. Cada quien las vive a su ritmo, pero el ciclo completo es algo por donde de cualquier modo hay que pasar, implicando emociones que se van sucediendo de manera natural. Se trata de reacciones de ajuste de cuerpo y mente que tienen importancia fundamental. Hasta llegar al último punto de aceptación, es necesario pasar por cada una, expresando las emociones que espontáneamente surgen y evitando reprimir el dolor. En este momento es muy importante la cercanía de personas que puedan acompañar al amputado, sea pareja, familia, amistades cercanas, grupos de apoyo, o incluso profesionales.
2. Apoyo profesional: psicología, rehabilitación y terapia ocupacional
Los profesionales tienen el conocimiento, las técnicas y la experiencia de haber asistido a otras personas. De un lado la psicología ayuda a procesar la pérdida, a trabajar la autoestima, a prevenir la depresión o el estrés postraumático. De otro lado, la rehabilitación es fundamental, no solo para conseguir en última instancia la recuperación de la función perdida, sino para que esa recuperación se convierta en motivación. Además, ayuda especialmente aprender los trucos para adaptar tu vida a la nueva situación: la terapia ocupacional. Vestirte, conducir, montar en bicicleta, subir y bajar escaleras, hacer deporte…
3. Reconstrucción del cuerpo: Prótesis y adaptación funcional
Llega el momento de recuperar la función perdida. Para eso sirve la prótesis, que se personaliza a partir de componentes modulares, añadiéndoles un encaje para ajustarla al miembro residual, el muñón. Aquí el protésico es quien hace el trabajo técnico y con ayuda del fisioterapeuta, el amputado aprende a usar la prótesis. Caminar sin cojear, mantener la postura, usar la prótesis…
La prótesis es ese artilugio recién llegado que nos va a acompañar durante el resto de nuestra vida. Nos interesa conocerlo, mantenerlo y aprender a usarlo lo mejor posible. Es nuestro nuevo pie o nuestra nueva mano y aunque no es perfecto, es lo mejor para recuperar la función, así que ¡adelante con ella!
4. Identidad y autoestima
El proceso del duelo tiene como último paso la aceptación, que acaba por redefinir la autoimagen. El cuerpo cambia, pero no el valor de una persona. De hecho, el haber superado una amputación dota al amputado de un valor añadido, que pasa de verse como “una persona incompleta” para reconocerse como una persona que ha sobrevivido y sigue adelante.
Para conseguirlo, es necesario trabajar la autonomía en las cosas cotidianas. Recuperar la capacidad de desplazarse, volver cargado con la compra, usar con independencia el transporte público, cocinar… Se trata de no dejar de avanzar, planteándoye logros pequeños que permitan celebrar a cada paso un triunfo. Esto permite mantener una actitud de progreso y superación que refuerza la autoestima.
5. Redes de apoyo: Familia, amistades y comunidad
Muchas veces las personas cercanas no saben cómo actuar y con el ánimo de ayudar, sobreprotegen. A través del diálogo abierto y la empatía, es preciso educar al entorno para el acompañamiento afectivo para que el amputado consiga la independencia.
En este sentido, encontrarse con otras personas con situación parecida ayuda, pues compartir experiencias con otras personas amputadas puede ser motivador y terapéutico.
Solo queda mirar adelante, tener la actitud de mejora continua y demostrarse a sí mismo y a los demás que se puede conseguir.
3. Reconstrucción del cuerpo: Prótesis y adaptación funcional
Llega el momento de recuperar la función perdida. Para eso sirve la prótesis, que se personaliza a partir de componentes modulares, añadiéndoles un encaje para ajustarla al miembro residual, el muñón. Aquí el protésico es quien hace el trabajo técnico y con ayuda del fisioterapeuta, el amputado aprende a usar la prótesis. Caminar sin cojear, mantener la postura, usar la prótesis…
La prótesis es ese artilugio recién llegado que nos va a acompañar durante el resto de nuestra vida. Nos interesa conocerlo, mantenerlo y aprender a usarlo lo mejor posible. Es nuestro nuevo pie o nuestra nueva mano y aunque no es perfecto, es lo mejor para recuperar la función, así que ¡adelante con ella!
4. Identidad y autoestima
El proceso del duelo tiene como último paso la aceptación, que acaba por redefinir la autoimagen. El cuerpo cambia, pero no el valor de una persona. De hecho, el haber superado una amputación dota al amputado de un valor añadido, que pasa de verse como “una persona incompleta” para reconocerse como una persona que ha sobrevivido y sigue adelante.
Para conseguirlo, es necesario trabajar la autonomía en las cosas cotidianas. Recuperar la capacidad de desplazarse, volver cargado con la compra, usar con independencia el transporte público, cocinar… Se trata de no dejar de avanzar, planteándoye logros pequeños que permitan celebrar a cada paso un triunfo. Esto permite mantener una actitud de progreso y superación que refuerza la autoestima.
5. Redes de apoyo: Familia, amistades y comunidad
Muchas veces las personas cercanas no saben cómo actuar y con el ánimo de ayudar, sobreprotegen. A través del diálogo abierto y la empatía, es preciso educar al entorno para el acompañamiento afectivo para que el amputado consiga la independencia.
En este sentido, encontrarse con otras personas con situación parecida ayuda, pues compartir experiencias con otras personas amputadas puede ser motivador y terapéutico.
Solo queda mirar adelante, tener la actitud de mejora continua y demostrarse a sí mismo y a los demás que se puede conseguir.